¿QUE ME PUEDO LLEVAR DESPUES DE VENDER MI CASA?

Son muchas las situaciones en las que uno se ve involucrado en esta apasionante profesión de asesor inmobiliario, pero en cierta ocasión me tocó vivir una totalmente insólita.

Una agradable pareja de mediana edad me llamó para contratar mis servicios de intermediaria en una negociación inmobiliaria que tenían en mente.

Se trataba de la venta de un bello apartamento, excelentemente ubicado en el noreste de Caracas y con una vista espectacular de la ciudad. Aunque no era nuevo, el inmueble estaba muy bien mantenido y, a pesar de requerir reforma, lucía muy atractivo.

 

De inmediato acepté vender la vivienda. Al hacerlo, les pregunté, como siempre hago, qué se quedaba y qué se iba, y ellos me explicaron que se iba todo menos lo que estaba en la cocina, es decir, el mobiliario completo, incluido el extractor, la estufa y el fregadero con su grifería, y que también se quedaban la nevera, el microondas y el lavaplatos (o lavavajillas, como se dice en España).

 

Después de doce visitas, el apartamento se vendió a un señor que era tan educado y agradable como la pareja vendedora, con quien la negociación transcurrió con total fluidez.

Cuando le mostré el apartamento le indiqué claramente que se iba todo menos lo que estaba en la cocina, tal como me lo habían explicado los propietarios, pero que no se quedaba nada más. De inmediato el señor mostró interés, pero sí les manifestó a los propietarios, como un argumento para negociar el precio, que el apartamento necesitaba una reforma que él haría y que, por tanto, pasaría una oferta por la propiedad.

La propuesta del señor fue aceptada sin mayor problema. Suscribimos el contrato de arras a la semana y un mes después estábamos todos felices firmando la venta del apartamento, sin contratiempo alguno, hasta una hora después de habernos despedido, cuando me llamó el comprador, estupefacto, diciéndome que los vendedores le habían saqueado el apartamento y que, por favor, fuera inmediatamente para allá a ver lo sucedido.

Al abrir la puerta del otrora bello apartamento, el escenario era desolador. Los vendedores realmente habían desmantelado el inmueble. Lo primero que noté que faltaba era la manilla interna de la puerta principal, que era bastante estrambótica por cierto. Luego, al entrar, de inmediato se advertía la ausencia de los equipos de aire acondicionado que fueron removidos dejando una antiestética marca en donde se encontraban. De los baños, se habían llevado el mueble con su lavamanos, la grifería y el espejo, además de todos los accesorios, entiéndase toallero, portarrollo, jabonera y portacepillos con su vaso, así como también los cerramientos de la ducha (mampara), que eran de vidrio templado.

 

Los anteriores dueños también desmontaron todas las cortinas de la vivienda, las cuales usualmente se dejan porque son a la medida, pero sí dejaron tirados en medio de la sala algunos rieles que no servían. Una biblioteca empotrada, también a la medida, la habían desprendido sin cuidado alguno, dejando en la pared los agujeros producto del desprendimiento, que no tuvieron la delicadeza de reparar. Todas las lámparas de los techos, incluyendo las embutidas tipo “ojo de buey” y hasta los plafones más sencillos se habían ido, dejando solo huecos en la estructura. Las puertas de romanilla de los armarios de las habitaciones ya no estaban y hasta las tapas de los enchufes e interruptores de luz de todo el apartamento, que eran de marca, habían sido retirados.

Un verdadero saqueo era lo que habían realizado los vendedores, tal como lo calificó el comprador. Eso sí, la cocina la dejaron tal cual como habían dicho, intacta, con todos sus muebles y equipos.

Al final se llegó a un acuerdo después de dos semanas de llamadas y discusiones, varias amenazas de denuncias y demandas, y la intervención de los respectivos abogados de las partes, dejándonos a todos un muy mal sabor de boca.

Situaciones como esta se suelen presentar en ocasiones, aunque de manera esporádica, afortunadamente.

¿Qué se queda y qué se va?

Qué me puedo llevar de mi casa después de venderla es algo que, en principio, se determina en cada caso en particular, pues ello depende de lo que acuerden ambas partes, vendedor y comprador.

Ahora bien, si ambas partes no acuerdan nada, ¿qué es lo que se estila? Normalmente, lo que siempre se va, en primer lugar, son todos los efectos personales, como es lógico: ropa, libros, cosméticos, medicinas, joyas…, así como también todo el mobiliario de la vivienda, entiéndase por tal, recibo, comedor, sofás, mesas, sillas, camas, poltronas, escritorios, alfombras que no estén empotradas, artefactos eléctricos o pequeños electrodomésticos, línea blanca no empotrada (como lavadora-secadora), y todos aquellos bienes que se puedan mover y trasladar sin menoscabar su propia estructura o la del inmueble donde se encuentran, o sea, todo elemento que no esté adherido a la propiedad.

Usualmente, se quedan todos aquellos elementos que están adheridos o anclados al inmueble y que requieren maniobras complejas para ser desprendidos, no se pueden trasladar o remover fácilmente y, al hacerlo, provocan un deterioro de la estructura del inmueble y/o una depreciación en el valor de la propiedad en la que se encuentran instalados. En Derecho se les llama “bienes inmuebles por destinación”, ya que son bienes muebles (movibles) por su naturaleza, pero que, al ser adheridos o anclados a un inmueble, pasan a ser accesorios de él y necesarios para su uso, por lo que se consideran inmuebles. Tal es el caso de todo el mobiliario de cocina con el fregadero, el extractor y la estufa (incluyendo el tope o encimera); las piezas sanitarias, los accesorios y muebles de baño empotrados con sus topes, lavabo, grifería y espejos; todas las puertas con sus respectivas manillas o pomos y cerraduras (ya sean puertas de habitaciones, de duchas, de closets o la puerta de entrada de la calle); los enchufes e interruptores de luz con sus tapas; las lámparas embutidas tipo “ojo de buey”, los calentadores de agua, los suelos, los aires acondicionados, etc.

También se deben quedar, obviamente, todas aquellas mejoras o elementos que usted ofreció en el anuncio en el que publicitaba el inmueble para hacerlo más atractivo. Por ejemplo: “Hermosa cocina totalmente equipada”, debe dejar la cocina completa con todos sus electrodomésticos de línea blanca porque usted así lo está ofreciendo en el anuncio.

Igualmente, suelen  quedarse, aunque no es imperativo (dependen de la decisión del vendedor), todos aquellos bienes muebles que están empotrados o instalados a la medida en el inmueble, pero cuya retirada no menoscaba su estructura o valor porque son elementos decorativos, no indispensables para la operatividad o funcionalidad del inmueble, como es el caso de las bibliotecas, escritorios y muebles empotrados a la medida, las estanterías o entrepaños anclados a la pared, etc.

Y, finalmente, hay ciertos bienes que usualmente presentan dudas, pues depende de la voluntad del vendedor o del acuerdo entre las partes si se quedan o se van, y lo ideal es dejarlo claro durante la negociación. Estos son: la nevera, el lavaplatos o lavavajilla, la lavadora, la secadora y el microondas (en cuanto a la cocina), las cortinas o persianas, las lámparas de techo o los apliques de pared, las bibliotecas o muebles a la medida, los espejos decorativos, entre otros.

 

Un acuerdo claro entre las partes

Analizando el caso anterior, es evidente que mis clientes vendedores no tenían ni idea de lo que es normal o simplemente actuaron de muy mala fe. Por ello, siempre lo recomendable es aclarar detalladamente qué se queda y qué se va a la hora de cerrar la venta de un inmueble y especificarlo en el contrato de arras o reserva que se firme al efecto, cuando en la negociación se suscriba algunos de estos documentos previos.

En casos en los que no existe firma de arras ni reserva, sino que la venta es directa en registro o notaría, el asunto es más fácil, porque la venta, la entrega del dinero y la entrega del inmueble son prácticamente simultáneas, y si usted visita la vivienda antes de la firma y no está de acuerdo con lo que se queda y lo que se va, puede negarse a firmar la venta y realizar el pago. Por ello, es aconsejable, en cualquier caso, hacer un documento privado entre las partes en el que se detalle qué se queda en el inmueble.

Y, sobre todo, lo más recomendable siempre es inspeccionar el inmueble inmediatamente antes de la firma de la venta en el registro o notaría, a fin de comprobar que la propiedad se entrega según lo acordado y así evitar situaciones desagradables como la que vivió mi comprador en aquella negociación.

 

Consuelo Rocha – Chelo