8 Elementos que no pueden faltar en tu Jardín Zen

Más allá de su apariencia  relajante, se dice que con solo mirarlos los jardines Zen pueden ayudar a las personas a sintonizarse con  un estado mental  lleno de tranquilidad y propicio para meditar.   De esta manera, amparados en su linda  imagen y la concepción mística que los origina, los  jardines Zen se han ido extendiendo hasta llegar a popularizarse a lo largo de todo el planeta.

Se dice que probablemente todo comenzó en los templos budistas de  Kyoto, Japón por allá en el año 14  de nuestra era. Desde aquella época,   los jardines Zen estaban concebidos en espacios relativamente pequeños, limitados por las paredes de las edificaciones de un entorno urbano. En principio,  se creaban  con el objeto de nada más observarlos  pero con el tiempo fueron evolucionado y actualmente algunos  de estos espacios invitan a recorrerlos  desde su interior.

Tener tu propio jardín Zen puede ser una tarea muy sencilla. Lo importante es que  cuando lo elabores con tus propias manos o lo encargues a un profesional, no dejes pasar los elementos cruciales de esta hermosa tradición asiática, capaz de combinar de manera magistral el misticismo y la estética más sublimes.

1. La inmutabilidad de la roca 

Las rocas y piedras  son unos de los elementos protagónicos en los jardines Zen.  Su  presencia primitiva y amorfa invita a una sensación de tranquilidad atemporal. Igualmente, se usan para contraponerse a otros elementos como la arena o el agua. De esta manera, se busca fomentar  la meditación acerca del equilibrio entre las contradicciones  de la existencia.

2. El flujo de la grava

Las ondas de  granito blanco o beige  triturado generan  la dinámica visual en la quietud de los jardines Zen.  Las ondas, patrones y senderos de grava cuidadosamente elaborados, representan las corrientes de agua y  son la marca distintiva de estos espacios en su concepción del flujo de la energía vital.

3. La eternidad del agua

Bajo la forma de estanques, cascadas o pequeños cauces, el agua es un elemento que no puede faltar en  los jardines Zen. Su presencia, en contraposición con las rocas, habla un poco acerca de la concepción del Ying Yang.

La presencia de los   coloridos peces Koi agregan vitalidad a los cuerpos de agua y son parte esencial de los jardines Zen. Estas simpáticas mascotas se adaptan por igual a los  espacios pequeños o grandes.

4. La guía de la piedra

La inmersión en la experiencia de los jardines Zen  está guiada por los senderos de piedra. Nada se encuentra al azar porque el visitante debe caminar únicamente por donde el mismo jardín le indica a través de sus caminos empedrados.

5. Una  entrada a la experiencia

Puede ser una puerta como tal o apenas un simple marco de madera, lo cierto es que las  entradas tienen un importante  significado en los jardines Zen.   La idea es que al atravesarlas y transitar por los espacios del jardín el visitante experimente la sensación de encontrarse en una dimensión espiritual y física distinta.

6. Las enseñanzas del arce y musgo

Debido a las características climáticas asiáticas, el musgo y el arce japonés son algunas de las especies más tradicionales  en los jardines Zen. Sin embargo, puedes atreverte con tus las variedades locales para generar el mismo efecto en tus espacios.  El musgo representa la humildad de una planta que crece en condiciones difíciles, mientras que el arce aporta el toque preciso de colores vivos,  característico  de los jardines zen más hermosos.

7. Una vista desde un puente

Con su forma arqueada y su color rojo, los puentes son elemento tradicional  que no puede obviarse.  Por lo general están construidos en madera y constituyen el punto más alto del jardín. Desde allí puede tenerse una vista única del jardín Zen. También se usan mucho los puentes de piedra, bien sea como paso o lugar para sentarse a contemplar.

8. Buda

Representando en cualquiera de sus personificaciones,  la presencia de buda  es un elemento que cumple una función decorativa y espiritual al mismo tiempo. Por lo general puedes situarlo en los lugares más internos del parque y  preferentemente realizado en madera, metal o cerámica.


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