MÁS QUE VENDEDORES SOMOS ASESORES...          

 

Por Consuelo Rocha

Entre las muchas situaciones en las que uno se ve involucrado en esta apasionante profesión de asesor inmobiliario, en cierta ocasión me tocó vivir una totalmente insólita.

Una agradable pareja de mediana edad me llamó para contratar mis servicios de intermediaria en una negociación inmobiliaria que tenían en mente.

Se trataba de la venta de un bello apartamento, excelentemente ubicado en el sureste de la ciudad capital. Aunque no era nuevo, el inmueble estaba muy bien mantenido y, salvo algunos detalles que había que remodelar, lucía muy atractivo.

De inmediato acepté la venta de la vivienda. Al hacerlo, les pregunté como siempre hago, qué se queda y qué se va y ellos me explicaron que se iba todo menos lo que estaba en la cocina, es decir, el mobiliario completo incluido el extractor, la estufa y el fregadero con su grifería y que también se quedaba la nevera y el lavaplatos.

 

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Debido a lo coqueto del apartamento, el precio razonable y la excelente ubicación, el mismo se vendió con relativa rapidez a un señor que era tan educado y agradable como la pareja vendedora, con quien la negociación transcurrió con total fluidez.

Yo le mostré el apartamento y en ese momento le indiqué claramente que se iba todo menos lo que estaba en la cocina, tal como me lo habían explicado los propietarios, pero que no se quedaba nada más. Tan pronto salimos del apartamento, el señor me manifestó su interés en comprarlo. Firmamos el contrato de arras a la semana y un mes después estábamos todos felices cerrando la venta del apartamento bonito, sin contratiempo alguno, hasta una hora después de habernos despedido, cuando me llamó el comprador, estupefacto, diciéndome que los vendedores le habían saqueado el apartamento y que por favor fuera inmediatamente para allá a ver lo sucedido.

Al abrir la puerta del otrora bello apartamento el escenario era desolador. Los vendedores realmente habían desmantelado el apartamento. Lo primero que notamos que faltaba era la manilla de la puerta principal, que era bastante psicodélica por cierto. Luego al entrar de inmediato se advertía la ausencia de los equipos de aire acondicionado que fueron removidos dejando la antiestética marca de donde se encontraban. Se habían llevado los muebles del baño, incluido el lavamanos, la grifería y el espejo, además de los accesorios, entiéndase toallero, porta rollo, jabonera y porta cepillos con su vaso, así como también el cerramiento de la ducha (mampara), que era de vidrio templado.

Los anteriores dueños tambien desmontaron todas las cortinas de la vivienda, las cuales usualmente se dejan porque son a la medida pero sí dejaron tirados en medio de la sala algunos rieles que no servían. Una biblioteca empotrada, también a la medida, la habían desprendido sin cuidado alguno, dejando en la pared soberanas troneras producto del desprendimiento, las cuales no tuvieron la delicadeza de reparar. Todas las lámparas de los techos, incluyendo las embutidas tipo “ojo de buey” y hasta los plafones más sencillos se habían ido, dejando solo huecos en la estructura. Las puertas de romanilla del armario de la habitación ya no estaban, así como la manilla de la puerta, hasta las tapas de los enchufes e interruptores de luz de todo el apartamento, que eran de marca, habían sido retirados.

Un verdadero saqueo era lo que habían realizado los vendedores, tal como lo calificó el comprador. Eso sí, la cocina la dejaron tal cual como habían dicho, no así el lavadero, del que también se llevaron el calentador de agua. La cosa al final se solucionó después de dos semanas de llamadas y discusiones, varias amenazas y la intervención de los respectivos abogados de las partes que fueron los que lograron poner punto final al asunto. Situaciones como ésta, aunque parezca insólito, se suelen presentar en ocasiones, aunque de manera esporádica, afortunadamente.

Qué se queda y qué se va es algo que se determina en cada caso en particular, pues ello  depende, cien por ciento (100%), de lo que acuerden ambas partes, vendedor y comprador.

Ahora bien ¿ Qué es lo que usualmente se estila? Normalmente, salvo acuerdo entre las partes repito, lo que siempre se va, en primer lugar, son todos los efectos personales, como es lógico: ropa, libros, cosméticos, medicinas, joyas, etc., así como también todo el mobiliario de la vivienda, entiéndase por tal, recibo, comedor, sofás, mesas, sillas, camas, poltronas, escritorios, alfombras que no estén empotradas, artefactos eléctricos o electrodomésticos, línea blanca (como lavadora-secadora), etc., y todos aquellos bienes que se puedan mover y trasladar sin menoscabar su propia estructura o la del inmueble donde se encuentran. Esto, por lo general, es lo que se va a la hora de vender una vivienda.

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Por argumento en contrario, lo que normalmente se queda es todo aquello que no se pueda trasladar o remover sin menoscabar su propia estructura o la del inmueble donde se encuentran instalados, así como también todos aquellos bienes muebles que están empotrados a la medida en el inmueble o que pasan a formar parte de él (los cuales en Derecho se denominan bienes inmuebles por destinación), como por ejemplo: todas las puertas del inmueble con sus respectivas manillas o pomos y cerraduras, trátese de puertas de habitaciones, de duchas, de closets o la puerta de entrada de la calle; las piezas sanitarias, los accesorios y muebles de baño empotrados con sus topes, grifería y espejos; los enchufes e interruptores de luz con sus tapas; las lámparas embutidas tipo “ojo de buey”, los calentadores de agua, todo el mobiliario empotrado de cocina con su tope (encimera), la campana o extractor y la estufa y el fregadero con su grifería, así como también se entiende que se queda, “normalmente”, salvo acuerdo en contrario, las bibliotecas y muebles empotrados.

Y finalmente, hay ciertos bienes que usualmente presentan dudas y que depende de la voluntad del vendedor o del acuerdo entre las partes, si se quedan o se van y son las cortinas, las lámparas, el lavaplatos, la nevera, las bibliotecas, los espejos decorativos y a veces también los aires acondicionados, entre otros.

Analizando lo anterior, es evidente que mis clientes vendedores no tenían ni idea de lo que es normal o simplemente actuaron de muy mala fe. Por ello siempre lo recomendable es aclarar detalladamente qué se queda y qué se va a la hora de cerrar la venta de un inmueble y especificarlo en el contrato de arras que se firme al efecto, cuando en la negociación se firma este contrato previo.

En casos en los que no existe firma de arras sino que la venta es directa en Registro o Notaría el asunto es más fácil porque la venta, la entrega del inmueble y la entrega del dinero es simultánea y si usted visita el inmueble antes de la firma y no está de acuerdo con lo que se queda y lo que se va pues no hay pago de dinero y por tanto no hay venta.

Por todo esto, siempre es recomendable inspeccionar el inmueble inmediatamente antes de la firma de la venta en el Registro o Notaría, a fin de evitar situaciones desagradables como la que vivió mi comprador en aquella negociación.

Consuelo Rocha.

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